martes, 27 de octubre de 2009

No me gusta el huevo

Tan solo con escuchar la palabra "huevo" siento en mi boca una sustancia gelatinosa sin sabor, a medio cuajar, y luego un líquido aceitoso con sabor a azufre. Puedo soportar comer un huevo bien hervido, pero nunca uno estrellado. El hecho de pensar en una yema líquida me repugna, y más aún el tener que comerla, beberla, o ingerirla de algún modo.

Algún día dejaré de comerlo, o dejará de causarme asco. Esperemos que sea la primera. Si llega a ocurrir la segunda, es momento de visitar al psiquiatra.

4 comentarios:

Domitilo dijo...

Que mamón jajaja no tenías otra cosa que escribir?

Don Chuccio von Krieger dijo...

El de arriba soy yo mismo, pero en vista de que casi nadie comenta, me vi obligado a auto criticarme jajaja, sumándole que esta entrada es en la que menos creo que alguien comente.

Alfredo R. I. dijo...

Uy, mi estimado. Yo disfruto de pocas cosas tanto como de comer un huevo estrellado tierno, con sólo una micropizca de sal, acompañado de hartas rebanadas de pan. Y eso que a tí no te gusta, la sensación del huevo, a mí me fascina. ¡Súper! —se me acaba de antojar uno—. Es más, cualquier cosa que me encuentre en una carta de restaurante y que diga à cheval —o sea, con el respectivo huevo estrellado encima— me pide a gritos que la coma: carne, hamburguesas, crepas, lo que sea.

Pero no, no eres del club. Es más, me disculpo si mi comentario te provoca cierta náusea.

Don Chuccio von Krieger dijo...

No hay problema, no siento en este momento asco o algo similar con tu comentario. Al contrario, yo no sabía eso del término à cheval, y te agradezco mucho la advertencia. Recuerdo que de niño, me gustaban los de codorniz, pero quién sabe qué me pasó (aclaro, muy bien hervidos). Lo bueno es que no he comido huevo en un buen rato, pero si sigues con el antojo, cómete uno a mi salud. Provecho