lunes, 27 de septiembre de 2010

Aquella iglesia abandonada

Ella jugaba todos los días con él en aquella iglesia abandonada, a la mitad de la colina. Era su pequeño universo. Las ventanas eran como pequeñas casas, la campana rota era como un hongo gigante, el árbol en el centro de la iglesia era como el rey de aquel lejano país. Los confesionarios de piedra eran como puertas a otros mundos...

Pasaron los años y ellos crecieron. Se dieron cuenta que se amaban y se casaron en esa misma iglesia. El árbol, ahora interpretando a un sacerdote, hizo oficial la ceremonia. Pero al día siguiente... él se fue. Y así pasaron más años y ella tuvo que mudarse a una ciudad, donde la vida era más fácil y había más trabajo para todos.

Y la iglesia se quedó sola....

Una tarde, en la que el sol teñía de rojo el cielo, ella volvió. Pero la iglesia no era la misma ya. Parecía haberse encogido, lo cual es normal cuando uno vuelve a ver un lugar de la infancia, pero eso no era todo. Las paredes se encontraban pintadas y se caían conforme pasaban los día, el árbol ahora sólo era un tronco roto. El lugar olía extraño. Ella lloró, como nunca lo había hecho en su vida. Se sentó en uno de los montículos de piedras, que posiblemente había sido un confesionario, a mirar cómo se azulaba de nuevo el cielo, después de que el sol había partido, y así estuvo hasta que comenzó a ennegrecerse. ¿Dónde estaría él ahora? ¿También estaría pensando en ella?