lunes, 27 de septiembre de 2010

Aquella iglesia abandonada

Ella jugaba todos los días con él en aquella iglesia abandonada, a la mitad de la colina. Era su pequeño universo. Las ventanas eran como pequeñas casas, la campana rota era como un hongo gigante, el árbol en el centro de la iglesia era como el rey de aquel lejano país. Los confesionarios de piedra eran como puertas a otros mundos...

Pasaron los años y ellos crecieron. Se dieron cuenta que se amaban y se casaron en esa misma iglesia. El árbol, ahora interpretando a un sacerdote, hizo oficial la ceremonia. Pero al día siguiente... él se fue. Y así pasaron más años y ella tuvo que mudarse a una ciudad, donde la vida era más fácil y había más trabajo para todos.

Y la iglesia se quedó sola....

Una tarde, en la que el sol teñía de rojo el cielo, ella volvió. Pero la iglesia no era la misma ya. Parecía haberse encogido, lo cual es normal cuando uno vuelve a ver un lugar de la infancia, pero eso no era todo. Las paredes se encontraban pintadas y se caían conforme pasaban los día, el árbol ahora sólo era un tronco roto. El lugar olía extraño. Ella lloró, como nunca lo había hecho en su vida. Se sentó en uno de los montículos de piedras, que posiblemente había sido un confesionario, a mirar cómo se azulaba de nuevo el cielo, después de que el sol había partido, y así estuvo hasta que comenzó a ennegrecerse. ¿Dónde estaría él ahora? ¿También estaría pensando en ella?

jueves, 3 de junio de 2010

¿Quién rayos abrió la cripta?

El doctor Alfonso Montes de Oca era un connotado forense que vivía en la ciudad de Míxico, capital del país con el mismo nombre. De niño tenía sueños sobre un país en una realidad alterna llamado México, igual que el suyo, que también había sido ocupado por culturas antiguas, desde el neolítico, colonizado por caucásicos, se había independizado y estaba gobernado por gente corrupta, como la de Míxico. Pero ese era un sueño absurdo y ya de grande lo olvidó.

Su notable imaginación lo impulsó a que posiblemente fuera escritor, pero finalmente estudió medicina en la UNAM, (Universidad Nacional Autónoma de Míxico) luego se fue a un país lejano llamado Frencia a hacer su especialidad. Terminó trabajando para aquellos políticos a los que tanto criticó.

Un día muy nublado vio en las noticias el caso de una pobre niña discapacitada llamada Paulette, que era de una familia acaudalada y había desaparecido. Ese mismo día le llamaron por teléfono de la comisión para festejos del bicentenario, ya que pronto sería "EL 200 ANIVERSARIO DEL GRITO DE INDEPENDENCIA", y sacarían los restos de los "padres de la patria" para analizarlos. Querían que él estuviera en el equipo forense, para hacer un análisis de ADN. No podía imaginar el hecho de analizar los huesos del mismísimo padre Hidalgo, le parecía absurdo que hicieran eso, sin embargo, le dio una especie de curiosidad macabra saber qué encontrarían.

2010; En ese año, Míxico vivía bajo una constante amenaza de revuelta, los narcotraficantes y el crimen organizado tenían el control de gran parte del país, y el presidente Felipe Calderón se encontraba haciéndoles guerra. Cada día, los cárteles y sus líderes daban terribles muestras de su poder, algunas tan increíbles que horrorizaban a la población, como el hecho de que hubieran matado a dos cantantes de "música" duranguense. A las pocas semanas, la niña Paulette apareció muerta en la cama de su cuarto. Su caso generó sorpresa en todo el país ¿cómo era posible que ni se dieran cuenta las autoridades que alguien, sigilosamente, hubiera depositado a la niña justo donde la secuestró?

Al poco tiempo, otro secuestro tuvo fama nacional. El ex candidato presidencial, Diego Fernández de Ceballos, miembro del mismo partido político que el presidente, fue raptado en su rancho, en el estado de Hidalgo. La noticia generó sobresalto, ya que era uno de los políticos más protegidos del país. Durante varias semanas nadie supo si estaba muerto, vivo, y de ser así, si estaba entero. Pero a Alfonso no le interesaba mucho esto. Él se preparaba para el análisis de los huesos de los héroes.

Y llegó el gran día. 30 de mayo de 2010. Abrieron una cripta en el monumento a la independencia, una columna que en la punta tiene un ángel plateado, ubicada en la avenida de Reforma, y trasladaron la urna con los huesos. Hubo una ceremonia enorme, un discurso del presidente, y trasladaron los restos al castillo de Chapultepec. Ahí, en un laboratorio instalado temporalmente, Alfonso tuvo tiempo de tomar con sus manos el cráneo de Hidalgo, el de Allende... y uno que se veía bastante reciente.

El análisis lo dejó frito: Era el cráneo de Diego Fernández de Ceballos.

jueves, 22 de abril de 2010

Sueño II

Y ella se fue... de rodillas yo le suplicaba que se quedara conmigo, que estuviera a mi lado, pero ya no voltearía hacia atrás. Simplemente continuaría avanzando, sin que alguien la llevara, ni nadie que la detuviera.

Mientras yo me arrastraba detrás de ella, esperando que se compadeciera de mi arrepentimiento, observaba cómo el pavimento negro de la calle se rompía, los árboles en la banqueta se secaban, mientras un viento helado se llevaba sus hojas. Ese mismo aire congelaba las flores, dejándoles conservar su color pero matándolas en el acto. Una niebla espesa nos cubría a las plantas agonizantes y a mí, y el cielo se ennegrecía, dejando una mancha gris borrosa en donde alguna vez estuvo el sol.

Y las ruinas de la ciudad se empapaban de una humedad fría, mientras un rayo provocaba estruendo y anunciaba una llovizna. Yo le volví a suplicar que volteara y que me mirara al menos por una última vez, para que la locura no me hiciera olvidar su rostro, pero es como si fuera un fantasma en todo aquel suelo húmedo e inundado. Más árboles perdían sus hojas, mientras la calle se convertía en un lago cristalino, y el agua me cubría la mitad del cuerpo. Levanté la cara y murmuré su nombre, sabiendo que ella no lo podría oir. Ya casi no la podía ver, las lágrimas me impedían enfocar su blanca vestimenta, pero podía distinguir un cuervo negro que buscaba desesperadamente la manera de protegerse de la lluvia.

Finalmente desapareció detrás de aquel árbol gris. El suelo que me sostenía se quebraba, y yo me sumergía en aquel agujero que se formaba con el agua y las rocas a mi alrededor. No saldría, y ella no me tendería su blanca mano para evitar que más me hundiera. Y después de todo eso, faltaba lo peor... yo aún estaba vivo

sábado, 20 de marzo de 2010

¿Qué nos está pasando?

Somos un conjunto de seres que piensan, construyen, sueñan, escriben, aman, odian, crean, destruyen y muchas otras cosas que, hasta donde sabemos, nadie más hace. Vivimos, todos nosotros, en un rincón aislado del universo donde no sabemos si hay alguien allá afuera, y nos la pasamos tratando de tener cada día más comodidades para poder lograr las cosas con menos esfuerzo. Cargar más música en aparatos más ligeros, transportarnos más rápido a otros sitios, poder divertirnos sin tener que salir de nuestras casas. Todo esto a cambio de explotar lo que nuestro planeta tiene: materiales y seres igual de vivos que nosotros.

¿Para qué queremos acabar con plantas, animales, ecosistemas enteros, destruir montañas, ennegrecer los cielos, detener los ríos? Para tener una mejor calidad de vida, pero ¿en verdad nuestra vida vale tanto como para hacerle todo eso al sitio donde vivimos? ¿Es justo que explotemos a animales, o a otros humanos como nosotros... para simplemente ver telenovelas, ir a trabajar en un empleo mediocre y pensar en cosas que nada tienen de trascendente?

Es justo cuando me pongo a pensar cuál es nuestro propósito en esta vida, ya que si todo eso que tenemos disponible se va a la basura, y nosotros somos la sociedad que lo requiere. Salgan a la calle y vean a la gente que camina por ahí, asómense a las casas... ¿Es esa la sociedad que imaginaban antes que seríamos? ¿De verdad somos el futuro y el progreso? ¿Somos más inteligentes, más sabios, o mejores personas que los que habitaron aquí hace un siglo, o dos, o diez? Nadie tal vez pueda dar una respuesta concisa a ello, pero no hay duda de que antes hacíamos menos uso de lo que el planeta tenía. ¿Acaso nos estamos autodestruyendo? ¿Destruiremos la vida, o sólo a nosotros mismos? ¿qué nos está pasando? Hace medio milenio, en Italia se construían catedrales, se pintaban y esculpían figuras casi perfectas, mientras hoy en los museos se venden trazos infantiles o manchas hechas por adultos a millones de dólares. Hace más de un siglo se componían sinfonías con complejas tonalidades y modulaciones, así como instrumentaciones variadas, mientras hoy se escuchan en la calle griteríos que son llamados "música" y tienen carácter repetitivo cuyo mensaje es exageradamente simple y carente de contenido serio.

Es ahí cuando pienso si en realidad vale la pena que este planeta siga siendo exprimido por nosotros. Tal vez alguien nos ponga freno, tal vez no. O incluso nosotros mismos algún día no estaremos, y todo este planeta quedará como si nunca hubiéramos vivido aquí.

jueves, 25 de febrero de 2010

El olvido

Justo ahora, que pensaba escribir la primera entrada del año en este blog tan leído y exitoso, un impertinente justo apareció a cortarme las ideas. Es lamentable cómo a tí, mi estimado lector, no pueda compartirte algunos de mis pensamientos que pueden ser absurdos, poco importantes, gloriosos, e incluso tristes.

Nos vemos pronto.



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