martes, 8 de marzo de 2016

La infancia perfecta y feliz (cuento)

No entiendo la tecnología de ahora. Pero puedo asegurarles que mucho de ella es algo que no conocemos. Hay muchas invenciones humanas bastante espantosas, y que quizás si te enteraras que existieran, no dormirías por una semana... pero si ese mismo invento modificara tu vida sin tu consentimiento, renegarías del progreso científico. Yo acabo de descubrir una de ellas. Y desearía no haberlo hecho.

Desde niña he tenido pesadillas. Quizás no la misma, pero la mayoría de ellas han tenido muchas cosas en común. Pasillos que nunca terminan, donde a veces me persiguen, o gente que en la vida real es cercana a mí, pero que en los sueños la veo haciéndome daño. Es más perturbador todavía cuando son personas muertas y que cuando estaban vivas te tuvieron cariño. Como yo con mis abuelos. Fallecieron hace años, y siempre los quise mucho, pero más de una vez he despertado de sueños en los que los he visto amenazándome o simplemente apareciendo en algún lugar donde no deberían. Quiero pensar que los sueños en realidad no permiten comunicarte con los muertos y que el alma de las personas va a otra dimensión o simplemente, como pensaría cualquier ateo, desaparece. Porque de ser lo contrario, sería espantoso pensar que en el fondo mis abuelos me detestaban y lo ocultaron muy bien en vida… así que se desquitan esporádicamente, quizá una noche cada dos años, a arruinarme la madrugada.

No sólo han sido esas. También he soñado con bibliotecas abandonadas, casi en ruinas, en las que veo libros en los que no hay texto, pero sí rostros bastante misteriosos, o en descomposición. Incluso con fiestas familiares en las que todo mundo parece estar feliz, pero yo veo a lo lejos en una ventana un rostro blanco y muerto que me mira desde la distancia.  A veces sonríe, otras veces ni siquiera lo veo pero sé que está ahí. Ese mismo rostro ha aparecido en otros sueños, persiguiéndome en la calle, o subiéndose al camión en el que voy a tomar el trabajo y atacando a todos. Una vez tuve que llamar a una amiga porque fue insoportable la pesadilla, aquella en la que yo estaba encarcelada y llegaba ese personaje a castigarme, me arrancaba la ropa y yo no podía moverme.

Desde niña fui muy susceptible a los sueños. Hasta me tuvieron que llevar al psiquiatra para calmar algunas visiones que mi subconsciente generaba durante las noches. Ya cada vez han sido menos frecuentes, pero no se han ido. Particularmente las de aquel personaje pálido. Nunca había hablado esto con mis padres, pero recuerdo haber tenido sueños así desde tiempos muy remotos. Pero no entiendo por qué. No sufrí de maltrato infantil. Mis padres siempre fueron buenos conmigo. Jamás recuerdo que me hayan golpeado o agredido. Siempre tuve excelentes calificaciones durante todos mis estudios, incluso los universitarios. Pero un persistente problema de memoria a largo plazo. Muy seguido recuerdo a mis compañeros diciéndome "¿a poco no te acuerdas?" o incluso en la escuela, hay enormes volúmenes de cosas que apunté en mi cuaderno pero que jamás recuerdo haber escrito, a pesar de estar con mi letra. Dos veces llamaron a mis padres porque yo me quejaba de no reconocer a la maestra y pedir que volviera otra que había renunciado hacía casi un año. Fuera de eso, nunca les di problemas. Hasta que ellos se divorciaron, mi madre se mudó, y a los pocos meses yo también me fui de la casa, porque ya era adulta para ese entonces. Un tiempo viví con unas amigas, pero después obtuve un trabajo mejor y decidí vivir sola. Ahí fue cuando las pesadillas regresaron.

 Hace poco murió mi padre, y visité su casa. Supongo que algunas personas se aferran a ciertos recuerdos, por muy amargos que hayan sido. Y pensaba que mi padre era de esas personas, aunque al visitar ahí lo corroboré. Siempre había mantenido secretos, pero los que más me intrigaban eran los de un baúl café que mantenía bajo llave. Su abogado me la dio, así que ya podía saber todo lo que quisiera sobre ese cofre. Aún si eran simplemente documentos aburridos. Y no estaba muy equivocada. Al abrirlo sólo vi actas de nacimiento, licencias de conducir expiradas, actas de defunción... Pero todo eso no fue nada al lado de las fotos. Me di cuenta que nunca había visto fotos de su abuela, o de su madre, o incluso de él jugando cuando era niño. Pero cuando encontré las de su adolescencia, no sabía que me esperaba el peor horror que puedo recordar hasta ahora. Una foto de unos jóvenes en un campo de fútbol. Mi padre, dos amigos, y el hombre que había estado apareciendo en mis pesadillas.

Desperté del desmayo. Tardé algunos minutos en recordar vagamente qué me pasó. Mi madre llegó por mí y de ahí no recuerdo mucho, sólo que volví a caer dormida, quizá por algún medicamento que me inyectaron. Por lo que pude reconstruir, esa persona de mis malos sueños me hizo algún daño en mi infancia, no sé si lo encarcelaron, sí esté libre o incluso si siga vivo, pero era hermano de mi padre. Mi propio tío, que sin importar cuántas veces lo borren de mi memoria, seguirá en las profundidades de mi subconsciente, repitiendo lo que sea que me haya hecho. No deberían hacerle esto a nadie. Mis padres en el afán de darme una infancia perfecta y feliz, me borraron ese recuerdo. Y quién sabe cuántos otros ¿Y si él sigue en algún lado? ¿Cuántas veces me habrán traído a esta clínica para borrarme todo lo relacionado con él? ¿Y si no era la primera vez que descubría esa foto?


Quizás no me dejarán conservar este texto. Oigo a alguien venir...

1 comentario:

lordduarth dijo...

In-te-le-sante. me gustó la forma en que lo vas desarrollando. Me gusta el recurso del deja-vú previo al olvido.