sábado, 20 de marzo de 2010

¿Qué nos está pasando?

Somos un conjunto de seres que piensan, construyen, sueñan, escriben, aman, odian, crean, destruyen y muchas otras cosas que, hasta donde sabemos, nadie más hace. Vivimos, todos nosotros, en un rincón aislado del universo donde no sabemos si hay alguien allá afuera, y nos la pasamos tratando de tener cada día más comodidades para poder lograr las cosas con menos esfuerzo. Cargar más música en aparatos más ligeros, transportarnos más rápido a otros sitios, poder divertirnos sin tener que salir de nuestras casas. Todo esto a cambio de explotar lo que nuestro planeta tiene: materiales y seres igual de vivos que nosotros.

¿Para qué queremos acabar con plantas, animales, ecosistemas enteros, destruir montañas, ennegrecer los cielos, detener los ríos? Para tener una mejor calidad de vida, pero ¿en verdad nuestra vida vale tanto como para hacerle todo eso al sitio donde vivimos? ¿Es justo que explotemos a animales, o a otros humanos como nosotros... para simplemente ver telenovelas, ir a trabajar en un empleo mediocre y pensar en cosas que nada tienen de trascendente?

Es justo cuando me pongo a pensar cuál es nuestro propósito en esta vida, ya que si todo eso que tenemos disponible se va a la basura, y nosotros somos la sociedad que lo requiere. Salgan a la calle y vean a la gente que camina por ahí, asómense a las casas... ¿Es esa la sociedad que imaginaban antes que seríamos? ¿De verdad somos el futuro y el progreso? ¿Somos más inteligentes, más sabios, o mejores personas que los que habitaron aquí hace un siglo, o dos, o diez? Nadie tal vez pueda dar una respuesta concisa a ello, pero no hay duda de que antes hacíamos menos uso de lo que el planeta tenía. ¿Acaso nos estamos autodestruyendo? ¿Destruiremos la vida, o sólo a nosotros mismos? ¿qué nos está pasando? Hace medio milenio, en Italia se construían catedrales, se pintaban y esculpían figuras casi perfectas, mientras hoy en los museos se venden trazos infantiles o manchas hechas por adultos a millones de dólares. Hace más de un siglo se componían sinfonías con complejas tonalidades y modulaciones, así como instrumentaciones variadas, mientras hoy se escuchan en la calle griteríos que son llamados "música" y tienen carácter repetitivo cuyo mensaje es exageradamente simple y carente de contenido serio.

Es ahí cuando pienso si en realidad vale la pena que este planeta siga siendo exprimido por nosotros. Tal vez alguien nos ponga freno, tal vez no. O incluso nosotros mismos algún día no estaremos, y todo este planeta quedará como si nunca hubiéramos vivido aquí.

1 comentario:

Lorena dijo...

Es un fragmento de algo que escribí hace mucho tiempo. Veo una cierta semejanza con el texto que escribiste.


La identidad de mi patria es la corrupción. Las diferencias, la intolerancia y los conflictos han dividido irreconciliablemente a su gente en equipos.

La humanidad se violenta, pervierte y deshumaniza.
La guerra controla a las naciones.
No hay magnitudes que puedan contar las injusticias.
El desperdicio y el hambre se ven a la cara. Se enfrentan y se evaden mutuamente, porque temen reconocer la existencia del que tienen enfrente.

Aquellos ilustres que aún pueden ver más allá del delirio colectivo,
se han entristecido al ver a su gente “disfrutar”¡los desechos de su supuesta modernidad!


¡Felicidades, han construido grandes civilizaciones!
Pero ni el sudor, ni las lágrimas han derivado en felicidad.

Ya llegará el día en que nuestros cuerpos hayan retornado a la tierra
y volvamos a ser simple polvo que atraviesa el universo.
En ese momento, ¿qué les quedará?
¿La supuesta fortuna de saber que alguna vez crearon un mundo moderno?